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Los Sacramentos son signos visibles que nos trasmiten la
gracia de Dios, instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia.

Cristo está presente para santificarnos por medio de la Iglesia,
a traves de los Sacramentos.
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-Los Sacramentos

-El Bautismo como Sacramento

-Sacramento del Bautismo

-Sacramento de la Confirmación

-Pistas para la reflexion personal y para la confesion

-Confesarse: ir al encuentro hacia el amor de Jesús

-Redescubrir el Sacramento de la Reconciliación

-La Confesión

-La Comunión

-Unción de los enfermos

-Orden Sacerdotal

-El Sacerdote debe de ser santo

-Sacramento del Matrimonio

-El matrimonio es el único “lugar” digno para la procreación

-La relación entre la Fe y Matrimonio

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Los Siete Sacramentos
imagen
El Sacramento es un signo visible que nos transmite la gracia de Dios.

Son siete los Sacramentos:

El primero, Bautismo
El segundo, Confirmación
El tercero, Penitencia
El cuarto, Eucaristía
El quinto, Unción de los Enfermos
El sexto, Orden Sacerdotal
El séptimo, Matrimonio

Los sacramentos de iniciación cristiana: Bautismo, Confirmación y Eucaristía

Los sacramentos de curación: Penitencia y Unción de los Enfermos

Los sacramentos al servicio de la comunidad: Matrimonio y Orden Sacerdotal

El Sacerdote celebra los sacramentos: Bautismo, Eucaristía, Matrimonio, Penitencia y Unción de los Enfermos.

El Obispo, celebra los sacramentos: Confirmación y Ordenación Sacerdotal
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El Bautismo de Jesús
El Bautismo de Jesús - Mensajes de la Biblia
Fuente: Youtube
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El Bautismo como Sacramento
El Bautismo de Jesús debe alentar a todo ser humano y a todos que somos Hijos de Dios, el Bautismo como Sacramento que deja marca o Huella en nuestra vida, nos abre el camino en la Iglesia, formando parte de ella y así ser un discípulo más cercano de Jesús. El agua que nos ponen nos lava del pecado original, y nos abre el camino a los demás sacramentos, Jesús, aún cuando no necesitaba ser bautizado, lo hace para dejarnos el ejemplo de cómo debemos de ser ante Dios y ante los demás, dóciles a la acción del Espíritu Santo, a imitación de Jesús, queremos vivir en gracia y santidad, y promover en todos el acercamiento a Dios. No podemos ni debemos hacernos sordos al llamado de Dios en nuestras vidas, ya que la vida es una y el tiempo no lo compramos de manera que vivamos el hoy, lo mas cercanamente a Jesús, sigamos sus pasos de Fe, Esperanza y Caridad, amemos los Mandamientos y sobre todo hagámoslos vida en nosotros, Dios espera algo grande de cada uno, no esperemos a que nos llame para -pedirle una segunda oportunidad, que nunca vendrá-.

Hoy renovemos nuestro bautismo y digámosle a Dios que le amamos con nuestra mente, corazón y vida, y que toda nuestra vida la ponemos en sus santísimas manos, para que pensemos, hablemos y hagamos su santa voluntad.

Padre Eugenio García Siller,o.s.b.

Twitter: @padre_eugenio
padreeugenio@live.com.mx
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Sacramento del Bautismo
Por el sacramento del bautismo renacemos a la vida divina, y somos hechos hijos de Dios, además quedamos configurados con Jesucristo: cada Bautizado es "otro Cristo"; y nos incorporamos a la Iglesia, que es el cuerpo místico de Cristo. Con el bautismo, la Santísima Trinidad toma posesión del alma y comienza a santificarnos, con tal de que no pongamos obstáculos: los bautizados estamos llamados a la santidad.

El Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, es necesario para la Salvación. Por eso en caso de necesidad, puede administrarlo cualquier persona.

Los adultos que no han podido recibir este sacramento, sin culpa por su parte, pueden salvarse si tiene el deseo de recibirlo, junto con el amor a Dios, que incluye el arrepentimiento de los pecados. Es el llamado "bautismo de deseo". Lo mismo ocurre con los que, no habiendo recibido todavía el anuncio del Evangelio, buscan sinceramente a Dios y se esfuerzan por cumplir su voluntad. Alcanzan la salvación los que, sin estar bautizados, padecen el martirio, es decir la muerte por causa de la Fe. Es el "bautismo de sangre".

Los niños muertos sin bautizar, la iglesia solo puede confiarlos a la misericordia de Dios.

El bautismo es el sacramento por el cual renacemos a la vida divina y somos hechos hijos de Dios. Es el Primero de los sacramentos, es la puerta que abre el acceso a los demás sacramentos y si él no puede recibir ningún otro.

El bautismo, perdona el Pecado Original, infunden la gracia santificante, junto con las virtudes y los dones del Espíritu Santo. Imprime en el alma el carácter sacramental que nos hace cristianos para siempre. Nos incorpora a la iglesia.

Se bautiza derramando agua sobre la cabeza y diciendo: "Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo".

A los Apóstoles el día de Pentecostés, con la venida del Espíritu Santo recibieron fuerza para propagar la fe, sin miedo, con fortaleza. Esta misma fortaleza fue la que permitió a los mártires entregar su vida por Dios.
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Sacramento de la Confirmación
Con el Bautismo y la Eucaristía, el sacramento de la Confirmación constituye el conjunto de los "sacramentos de la iniciación cristiana", cuya unidad debe ser salvaguardada. Es preciso, pues, explicar a los fieles que la recepción de este sacramento es necesaria para la plenitud de la gracia bautismal (cf OCf, Praenotanda 1).

En efecto, a los bautizados "el sacramento de la confirmación los une más íntimamente a la Iglesia y los los enriquece con una fortaleza especial del Espíritu Santo. De esta forma se comprometen mucho más, como auténticos testigos de Cristo, a extender y defender la fe con sus palabras y sus obras" (LG 11; cf OCf, Praenotanda 2) CIC 1285
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Pistas para la reflexión personal y para la confesión
Seleccionar la(s) que considero más adecuada(s) a mi realidad personal

a) Ante todo, en esta meditación no se trata de ver lo malo que yo he sido y quedarme ahí desalentado; sin de ver lo bueno que ha sido El conmigo. Porque nunca me ha abandonado, a pesar de mis fallas, El ha sido siempre para mi el Dios de la Alianza. Se trata, pues, de leer mi propia historia de infidelidad, a la luz de su lealtad y su fidelidad. Se trata de ver cómo la historia de mi infidelidad es la historia de su fidelidad busco detenerme en esta clave… ¿Cuál ha sido mi experiencia de la misericordia de Dios?

b) Busco ir al fondo de las cosas, y siempre desde la clave de la amistad y la confianza que Jesús me ha tenido y me sigue teniendo. Con toda su sinceridad me pregunto: ¿Qué actitud tengo ante el pecado; no sólo ante las faltas graves, sin también ante los pecados leves, las fallas pequeñas?

c) Hago un “examen coral” (no solitario sino con interlocutores: Dios, yo mismo, la Iglesia, mi esposo (a), mi familia, mi comunidad, la institución a la que pertenezco, las personas con quienes trato, trabajo y a las que me dedico, el mundo en el que vivo...), para dejarme preguntar por ellos sobre mi crecimiento como persona, mi madurez espiritual, mi vida matrimonial, mi misión, mi tarea concreta profesional, mi servicio al mundo. Que esperan de mí, que merece Dios, los demás… No ver sólo lo que he hecho, sino también lo que he dejado de hacer...y porque. Hacer este recorrido bajo el lema exigente de Jesús: “al que se le ha dado mucho, se le pedirá mucho”.

d) Somos pecadores y estamos llenos de fallas; sin embargo, no todas tienen el mismo valor; hay aspectos o dimensiones en donde nuestra vida se juega de una manera más decisiva. En este sentido, ¿puedo identificar las raíces de mi pecado? ¿dónde se ubica mi “pecado madre”? se trata de reconocer cual es la situación que actualmente descentra, desarticula, frustra, rompe o desorienta mi proyecto de vida. Pensar en qué hay detrás: en qué tropiezo más…y por qué.

e) Examino si estoy actualmente caminando en la conversión. Si es así, ¿qué me ha ayudado o me está ayudando? En caso contrario, ¿qué me impide la conversión, qué me desvía del camino o me hace detenerme? ¿cuáles son los enemigos?

Le pido al Señor su luz para conocer su voluntad y término, por amor a Él, con una decisión de seguirlo y luchar contra el pecado que me desintegra y repercute.

También en los demás. Hago al Señor la ofrenda de mi decisión.

Padre Eugenio García Siller, O.S.B.
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Confesarse: ir al encuentro hacia el amor de Jesús
S. S. el Papa Francisco ha reflexionado, en la Misa celebrada en la Casa Santa Marta, sobre el Sacramento de la Reconciliación.

Confesarse es ir hacia el amor de Jesús con sinceridad de corazón y con la transparencia de los niños, no rechazando nunca sino acogiendo «la gracia de la vergüenza» que nos hace percibir el perdón de Dios. Para muchos creyentes adultos, confesarse ante el sacerdote es un esfuerzo insoportable, que a veces les lleva a esquivar el Sacramento, o una pena tal que transforma un momento de verdad en un ejercicio de ficción.

San Pablo, en la Carta a los Romanos, hace exactamente lo contrario:admite públicamente ante la comunidad en la que «en su carne no habita el bien». Afirma ser un esclavo que no hace el bien que quiere, sino que realiza el mal que no quiere. Esto sucede en la vida de fe; por lo que «cuando quiero hacer el bien, es el mal el que está a mi lado». «Esta es la lucha de los cristianos. Es nuestra lucha de todos los días. Y nosotros no siempre tenemos la valentía de hablar como habla Pablo sobre esta lucha. Siempre buscamos una vía de justificación: ‘Pero sí, todos somos pecadores’. Pero, ¿lo afirmamos así? Es nuestra lucha. Y si no reconocemos esto, nunca podremos tener el perdón de Dios.

Porque si el ser pecador es una palabra, una forma de hablar, una manera de decir, entonces no necesitamos el perdón de Dios. Pero si es una realidad que nos hace esclavos, necesitamos esta liberación interior del Señor, esa fuerza. Pero lo más importante aquí es que para encontrar la vía de salida, Pablo confiesa a la comunidad su pecado, su tendencia de pecado. No la esconde». La confesión de los pecados hecha con humildad y es eso «lo que la Iglesia nos pide a nosotros»; que recuerda también la invitación de Santiago: «Confesad entre vosotros los pecados». Pero «no, aclara el Papa, para hacer publicidad», sino “para dar gloria a Dios” y reconocer que es “Él el que me salva”. He aquí la razón, para confesarse uno va al hermano, al hermano cura: Para comportarse como Pablo. Sobre todo, con la misma “eficacia”. «Algunos dicen: ‘Ah, yo me confieso con Dios’. Esto es fácil, es como confesarte por e-mail, Dios está allá, lejos, yo le digo las cosas y no a un cara a cara. Pablo confiesa su debilidad a los hermanos, cara a cara. Otros dicen: ‘No, yo me confieso’, pero se confiesan de tantas cosas etéreas, tan en el aire, que no concretan nada. Esto es lo mismo que no hacerlo. Confesar nuestros propios pecados no es ir a un sillón del psiquiatra, ni ir a una sala de tortura: es decir al Señor: ‘Señor, soy un pecador’, pero decirlo a través del hermano, para que esta afirmación sea eficaz. ‘Y soy un pecador por esto, por esto y por esto». Concreción, honestidad y también, una sincera capacidad de avergonzarse de los propios errores, no hay caminos en la sombra alternativos al camino abierto que lleva al perdón de Dios, a percibir en el profundo del corazón su perdón y su amor. S. S. el Papa pide que imitemos también a los niños. «Los pequeños tienen esta sabiduría, cuando un niño viene a confesarse, nunca dice cosas generales. ‘Padre he hecho esto, y esto a mi tía, al otro le dije esta palabra’ y dicen la palabra. Son concretos, ¿eh? Y tienen la sencillez de la verdad. Y nosotros tendemos siempre a esconder la realidad de nuestras miserias. Pero hay una cosa muy bella: cuando nosotros confesamos nuestros pecados, como están en la presencia de Dios, sentimos siempre la gracia de la vergüenza.

Avergonzarse ante Dios es una gracia. Es una gracia: ‘Me avergüenzo’

El Observador de la Actualidad. 2013
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Redescubrir el Sacramento de la Reconciliación
El Papa Benedicto XVI invitó a todos los fieles a “redescubrir el Sacramento de la Reconciliación”, al comentar el evangelio de este domingo de Cuaresma, al introducir el rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro.

“Dios desea para nosotros solo el bien y la vida. Él provee a la salud de nuestra alma por medio de sus ministros, liberándolos del mal con el Sacramento de la Reconciliación, para que ninguno se pierda, sino que todos tengan la manera de convertirse”. En este sentido, exhortó especialmente a los sacerdotes a “imitar al Santo Cura de Ars en el ministerio del Perdón sacramental, para que los fieles redescubran su significado y su belleza, y sean curados por el amor misericordioso de Dios, el cual nos empuja hasta abandonar voluntariamente el pecado, además de perdonarnos".

El Santo Padre comentó el Evangelio, el pasaje de san Juan sobre el juicio de la mujer adúltera, a quien la Ley Mosaica condenaba a ser lapidada. Los fariseos y escribas “pidieron a Jesús que juzgara a la pecadora con el fin de ponerle a prueba y de empujarle a dar un paso en falso”, explicó el Papa. “Los acusadores hipócritas, de hecho, fingen confiarle el juicio, mientras que en realidad es precisamente a Él a quien quieren acusar y juzgar”. Pero Jesús, añadió: “sabe lo que hay en el corazón del hombre, quiere condenar el pecado, pero salvar al pecador, y desenmascarar la hipocresía”

En este sentido, el misterioso gesto de Jesús en este conocido pasaje evangélico, de sentarse y escribir con el dedo en la tierra. Ese gesto “muestra a Cristo como el legislador divino: de hecho, Dios escribió la ley con su dedo en tablas de piedra. Jesús es por tanto el Legislador, es la Justicia en persona. ¿Y cuál es su sentencia? 'Quien de vosotros esté sin pecado, que le tire la primera piedra'”

“Estas palabras están llenas de la fuerza desarmánte de la verdad, que abate el muro de la hipocresía y abre las conciencias a una justicia más grande, la del amor”.

El Pontífice concluyó instando a los presentes a “aprender del Señor Jesús a no juzgar y a no condenar al prójimo. Aprendamos a ser intransigentes con el pecado - ¡empezando por el nuestro! - e indulgentes con las personas”.
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La Confesión
"Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les queda perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos" Juan 20, 22-23

"Yo os aseguro. Todo lo que atéis en la Tierra, quedará atado en el cielo y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo" Mateo 18, 18

"Y todo proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por Cristo nos confió el ministerio de la reconciliación" 2 Corintios 5, 18

"Muchos de los que habían creído, venían a confesar" Hechos 19, 18

"No te avergüences de confesar tus pecados" Eclesiástico 4, 26

El Bautismo borra el Pecado Original. Pero el cristiano puede caer de nuevo. Ese pecado ya es personal. ¿Bautizarse de nuevo? NO. No se puede nacer dos veces. ¿Recuperar la Salud (la Gracia) del alma? Sí.

Cristo es el doctor del Alma. El es, el Buen Samaritano de la humanidad. Nos dejó el Vino de su Amor - Sacrificio. Nos dejó el aceite medicinal - Confesión. Nos dejó en la posada - De su Iglesia. Nos dejó al cuidado del posadero - Sacerdote.

¿Ha leído lo que dice San Pablo? Nos confió el misterio de la Reconciliación. San Pablo tiene este Poder Divino.

Recibido de los mismos Apóstoles. Los Apóstoles lo recibieron del mismo Cristo. "A quienes perdonareis los pecados, les quedan perdonados". "Lo que desatareis en la tierra, quedará desatado en el Cielo".

El pecado es una dura atadura. El Pecador es un esclavo "encadenado". La Confesión: Desata, cura, perdona. El Confesor -Sacerdote- tiene este poder. Dado por Cristo, recibido de los Apóstoles; Recibido por la Imposición de manos.

¿Has pecado? Existe una Medicina Divina. "No te avergüences de confesar tus pecados". Te lo dice el mismo Dios.
Examen de Conciencia
Examen de Conciencia para preparar una buena confesión
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La Comunión
"Yo soy el Pan vivo bajado del Cielo. Si uno come de este Pan vivirá para siempre y el Pan que yo le voy a dar es mi carne" Juan 6, 51

"Mientras estaban comiendo, tomó pan y pronunciando la bendición, lo partió se lo dio y dijo: Tomad, esto es mi Cuerpo. Tomó luego un cáliz y dadas las gracias, se lo dio y bebieron todos de él. Y les dijo: esta es mi Sangre de la Alianza…” Marcos 14, 22

"Por tanto quien coma el Pan o beba el Cáliz del Señor indignamente, peca contra el Cuerpo y la Sangre del Señor" 1 Corintios 11, 27

"Haced esto en memoria mía" 1 Corintios 11, 23-25

La Comunión es un Sacramento de Amor. Dios es Amor y Amar es: Asemejarse al Amado. (Se hizo hombre). Hacerse una misma cosa con el Amado. Cristo se hace Comida y Bebida. Milagro maravilloso de Amor.

Cristo prepare gran milagro con: La Multiplicación de los panes. Convirtiendo el agua en vino.-Caná.

Cristo Prometió el Gran Milagro. "El pan que yo le voy a dar es mi carne". Cristo cumplió la Gran Promesa. Era víspera de su muerte. "Tomó pan y dijo: Esto es mi Cuerpo". "Tomó el vino y dijo: Esta es mi Sangre". Convirtió el Pan en su Cuerpo. Convirtió el vino en su Sangre.

La Comunión no es pan bendito, no es jugo de uva. La Comunión es el Cuerpo y la Sangre de Cristo. La Iglesia Católica lo tiene.

Cristo lo hizo y dejó su Poder diciendo: “Haced esto en memoria mía".

Mientras comían, Jesús tomó el pan, y después de pronunciar la bendición lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: "Tomen y coman esto es mi Cuerpo".

Después, tomando una copa de vino y dando gracias, se la dio, diciendo: “Beban todos porque esta es mi Sangre, la sangre de la alianza, que será derramada por, los hombres para que se les perdonen los pecados". Mateo 26, 26-28.

COMUNION = SALVACIÓN

"En verdad, en verdad os digo: Si no coméis la Carne del Hijo del hombre y no bebéis su Sangre, no tenéis vida en vosotros", El que come mi Carne y bebe mi Sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día. El que come mi Carne y bebe mi Sangre, permanece en mí y yo en él" Juan 6, 53-57

"Por tanto quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente será reo del Cuerpo de la Sangre del Señor. Examínese, pues cada cual y coma entonces del Pan y beba del Cáliz. Pues quien come y bebe sin discernir el cuerpo, come y bebe su propia condenación" 1 Corintios

Sin comida no hay vida, el Cuerpo y el alma la necesita. La comida del alma es la Comunión. Dice Cristo con exigencia y claridad: “Si no comes la Carne… y no bebéis su Sangre, no tenéis vida en vosotros".

Si quieres salvarte necesitas comulgar. Cristo lo promete y garantiza: El que come mi Carne y bebe mi Sangre, tiene vida eterna =la salvación. Y yo lo resucitaré =lo salvaré. Cristo es la Verdad, la verdad es ésta: “El que come mi Carne y bebe mi Sangre".

Cristo es la Vida, y la vida es ésta: “Permanece en mí y yo en él". Para salvarte, tienes que comulgar, comulgar con las debidas disposiciones: Fe en esta verdad y tu alma en gracia.

Un muerto no puede comer. Un alma sin gracia no puede comulgar. Comulgar con pecado mortal, indignamente: "Es reo del Cuerpo y Sangre del Señor". "Es comer tu propia condenación".

Del Libro: Luz en el Camino
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Unción de los enfermos
Este Sacramento le da una gracia especial a los enfermos o ancianos, fortaleciendo y reconfortando al cristiano debilitado por la enfermedad, y lo prepara para el encuentro definitivo con Dios. Como los demás sacramentos, fue instituido por Jesucristo.

Es el sacramento que da la Iglesia para atraer la salud de alma, espíritu y cuerpo al cristiano en estado de enfermedad grave o vejez.

El sacramento consiste en ungir la frente y las manos del enfermo, acompañada de una oración litúrgica realizada por el sacerdote o el obispo, únicos ministros que pueden administrar este sacramento La unción une al enfermo a la Pasión de Cristo para su bien y el de toda la Iglesia; obtiene consuelo, paz y ánimo; obtiene el perdón de los pecados, si el enfermo no ha podido obtenerlo por el Sacramento de la Reconciliación, restablece la salud corporal, si conviene a la salud espiritual y prepara para el paso a la vida eterna.

El óleo utilizado en este rito también es conocido como: óleo de los enfermos.

El rito, para el cual se utiliza óleo bendecido cada año en la Misa Crismal del Jueves Santo, consiste en hacer tres veces la señal de la cruz en la frente y en cada una de las manos del enfermo. Mientras se lo unge, el sacerdote repite la siguiente fórmula: "Por esta santa unción y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo. Para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad." Amén.

En el Evangelio de san Marcos 6, 7-12-13, dice: "Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. Fueron a predicar, exhortando a la conversión y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo".

La Sagrada Unción de los Enfermos es uno de los siete sacramentos del Nuevo Testamento, instituido por Jesucristo nuestro Señor, esbozado ya en el Evangelio de Marcos, recomendado a los fieles y promulgado en la Carta del Apóstol Santiago 5,13-15.
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Orden Sacerdotal
Sacerdote de Dios:
Sacerdote de Cristo:
ofrece esta Misa como si fuera tu primera Misa
como si fuera tu última Misa
como si fuera ti única Misa.
EL SACERDOCIO
- Un Sacerdote es un hombre que LO HA DEJADO TODO, para SEGUIR A CRISTO. Un hombre que ha decidido ENTREGAR SU VIDA A DIOS para servirle a Él y para ayudar a los demás hombres a salvarse. Es por eso que los católicos debemos amar y respetar tanto a nuestros Sacerdotes.

- Dios quiere que todos los hombres nos salvemos y lleguemos al cielo con Él. Y por eso ha querido llamar en el mundo a personas especiales para que le ayuden a continuar su obra de salvación hasta el fin de los tiempos. Los sacerdotes son los INSTRUMENTOS DE DIOS.
- EL SACERDOTE:

1. PREDICAR LA PALABRA DE DIOS a los hombres, esto es, enseñar el Evangelio.

2. CELEBRAR LOS SACRAMENTOS: Bautismo, Eucaristía, Matrimonio, Penitencia y Unción de los Enfermos.

3. GUIAR AL PUEBLO DE DIOS HACIA LA SALVACIÓN, esto significa, ayudar a que todos
los hombres nos salvemos.

4. REZAR a favor del Pueblo de Dios: rezar por todos y cada uno de de nosotros.
¿CUÁNDO EMPEZÓ EL SACERDOCIO?
En la ÚLTIMA CENA, Cristo nos dejó la EUCARISTÍA y dijo a sus apóstoles: “Haced esto en memoria mía”. Con estas palabras les dio el poder de convertir el pan y el vino un su Cuerpo y en su Sangre.

Después, en la noche del día en que resucitó, Jesús les dio el poder de perdonar los pecados en su nombre cuando dijo: “A quienes les perdonen los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retuvieran, les serán retenidos”.

Los primeros Sacerdotes fueron los Apóstoles y después ellos fueron pasando este poder a otros hombres, fueron haciendo sacerdotes a otros, a través de una ceremonia que ahora se llama: “ORDENACIÓN SACERDOTAL”.

Lo más importante de un Sacerdote, lo más grande y hermoso que tiene un Sacerdote es: el poder convertir el pan y él vino, en "El CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO" y el poder de perdonar los pecados.

El Sacerdote es el único hombre a quien Dios ha permitido y dado el poder para hacer, estas dos cosas.
El SACRAMENTO DE LA ORDENACIÓN SACERDOTAL
Los primeros Sacerdotes fueron los Apóstoles y después ellos fueron pasando este poder a otros hombres, fueron haciendo sacerdotes a otros, a través de una ceremonia que ahora se llama:
“ORDENACIÓN SACERDOTAL”
Lo más importante de un Sacerdote, lo más grande y hermoso que tiene un Sacerdote es: el poder convertir el pan y él vino, en "El CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO" y el poder de perdonar los pecados.

El Sacerdote es el único hombre a quien Dios ha permitido y dado el poder para hacer, estas dos cosas.
El SACRAMENTO DE LA ORDENACIÓN SACERDOTAL
le pone un sello que no se puede borrar nunca a aquel que la recibe, de modo que el hombre que se ordena es ya Sacerdote, para toda la eternidad.

Un Sacerdote es entonces un ¨HOMBRE DE DIOS¨, y como tal merece siempre nuestro gran respeto. Los católicos debemos valorar y respetar mucho a nuestros sacerdotes. También debemos pedir a Dios que haya más sacerdotes y religiosas y estar abiertos si sentimos su llamado o si uno de nuestros hijos tiene vocación.
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El Sacerdote debe de ser santo
No sé otra cosa más eficaz con que a vuestras mercedes persuada lo que les conviene hacer que con traerles a la memoria la alteza del beneficio que Dios nos ha hecho en llamarnos para la alteza del oficio sacerdotal. Y si elegir sacerdotes entonces era gran beneficio, ¿qué será en el nuevo Testamento, en el cual los sacerdotes de él somos como sol en comparación de noche y como verdad en comparación de figura?

Mirémonos, padres, de pies a cabeza, ánima y cuerpo, y vernos hemos hecho semejables a la sacratísima Virgen María, que con sus palabras trajo a Dios a su vientre, y semejables al portal de Belén y pesebre donde fue reclinado, y a la cruz donde murió, y al sepulcro donde fue sepultado. Y todas estas son cosas santas, por haberlas Cristo tocado; y de lejanas tierras van a las ver, y derraman de devoción muchas lágrimas, y mudan sus vidas movidos por la gran santidad de aquellos lugares. ¿Por qué los sacerdotes no son santos, pues es lugar donde Dios viene glorioso, inmortal, inefable, como no vino en los otros lugares? Y el sacerdote le trae con las palabras de la consagración, y no lo trajeron los otros lugares, sacando a la Virgen. Relicarios somos de Dios, casa de Dios y, a modo de decir, criadores de Dios; a los cuales nombres conviene gran santidad.

Esto, padres, es ser sacerdotes: que amansen a Dios cuando estuviere, ¡ay!, enojado con su pueblo; que tengan experiencia que Dios oye sus oraciones y les da lo que piden, y tengan tanta familiaridad con él; que tengan virtudes más que de hombres y pongan admiración a los que los vieren: hombres celestiales o ángeles terrenales; y aun, si pudiere ser, mejor que ellos, pues tienen oficio más alto que ellos.

De la plática de San Juan de Ávila leída en el Sínodo diocesano de Córdoba del año 1563.
Fuente: Año Franciscano
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Sacramento del Matrimonio
El matrimonio es uno de los siete sacramentos de la Iglesia Católica, esto implica que fue instituido por Dios y elevado a "Sacramento" por Jesucristo y que es un signo visible de la gracia. El Catecismo de la Iglesia Católica y el Código de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los esposos y a la generación y educación de los hijos. El Derecho Canónico lo define como una "alianza", por la que el hombre y la mujer constituyen entre sí un consorcio.

El Sacramento del Matrimonio se realiza en el día a día de la vida matrimonial.

El momento de la boda es muy importante. Allí los novios ratifican ante el sacerdote el deseo de unir sus vidas comprometiéndose a amarse como signo del amor de Dios. Contraen un compromiso de vivir amándose, respetándose, comunicándose, luchando por superar sus limitaciones y gozando de su cariño... estando presente entre ellos el amor de Dios.

Cristo es el centro de toda vida cristiana. El vínculo con Él ocupa el primer lugar en todos los demás vínculos, tanto familiares o sociales (cf Lc 14,26; Mc 10,28-31). Desde los comienzos de la Iglesia ha habido hombres y mujeres que han renunciado al Sacramento del matrimonio para seguir a Cristo a través de la Obediencia, Castidad y Pobreza, para ocuparse de las cosas del Señor, para tratar también de agradarle (cf 1 Co 7,32), para ir al encuentro del Esposo que viene (cf Mt 25,6). Cristo mismo invitó a algunos a seguirle en este otro estado de vida del que Él es el modelo.

"En cuanto sacramento de santificación, la celebración del matrimonio [...] debe ser por sí misma válida, digna y fructuosa" (FC 67). Por tanto, conviene que los futuros esposos se dispongan a la celebración de su matrimonio recibiendo el sacramento de la Penitencia, para empezar una vida nueva juntos de cara a Dios.

El hogar cristiano es el lugar en que los hijos reciben el primer anuncio de la fe. Por eso la casa familiar es llamada justamente "Iglesia doméstica", comunidad de gracia y de oración, escuela de virtudes humanas y de caridad cristiana.

La Iglesia y la sociedad necesitamos matrimonios y Sacerdotes, Religiosos, Religiosas y laicos, que crean en el amor, que vivan su amor y recuerden siempre a la Sagrada Familia en su vida diaria, imitándola aún a través del sacrificio y la oblación misma, así sea!
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El matrimonio es el único “lugar” digno para la procreación
“La unión del hombre y la mujer en esa comunidad de amor y vida que es el matrimonio, es el único ‘lugar’ digno de la vocación a la existencia un nuevo ser humano, que es siempre un don”

“La dignidad humana y cristiana de la procreación, de hecho, no consiste en un 'producto', sino en su relación con el acto conyugal, expresión del amor de los cónyuges, de su unión no sólo biológica sino también espiritual”

En su discurso dirigido a los más de 200 participantes en la asamblea, que abordará este año el asunto del “Diagnóstico y tratamiento de la infertilidad”, el Santo Padre remarcó que este tema, además de su importancia humana y social, “tiene un valor científico peculiar, y expresa la posibilidad real de un diálogo fecundo entre la investigación ética y biomédica”

Felicitó a los profesionales presentes por optar, antes que por el problema dela infertilidad de la pareja, por volver a “considerar, cuidadosamente, la dimensión moral, buscando caminos para una correcta evaluación de diagnóstico y terapia para corregir las causas de la infertilidad” “Este enfoque se mueve por el deseo no sólo de dar un hijo a la pareja, sino para restaurar su fertilidad a los recién casados y toda la dignidad de ser responsables de sus propias decisiones reproductivas, para ser colaboradores de Dios en la generación de un nuevo ser humano”

Les manifestó a los científicos su deseo de fomentar la honestidad intelectual de su trabajo, que es “expresión de una ciencia que mantiene despierto el espíritu de buscar la verdad en el servicio del auténtico bien humano, y que evita el riesgo de ser una práctica puramente funcional”

Lamentó que “el cientificismo y la lógica de la ganancia parecieran hoy dominar el campo de la infertilidad y de la procreación humana, alcanzando a limitar también muchas otras áreas de la investigación”

“La Iglesia presta mucha atención al sufrimiento de las parejas con infertilidad, cuida de ellas, y justamente por ello, anima la investigación médica”

“Las legítimas aspiraciones de procrear de una pareja que se encuentra en una condición de infertilidad deben encontrar, con la ayuda de la ciencia, una respuesta que respete plenamente su dignidad de personas y esposos”

Recordó que la ciencia no siempre es capaz de responder a los deseos de muchos matrimonios, por lo que les recordó a aquellos que tienen una condición de infertilidad que esta no es una frustración a su vocación matrimonial.

“Donde la ciencia no ha encontrado una respuesta, la respuesta que da la luz viene de Cristo”

Exhortó a los profesionales presentes a no ceder nunca “a la tentación de tratar el bien de las personas reduciéndolo a un mero problema técnico. La indiferencia de la conciencia frente a lo verdadero y el bien representa una peligrosa amenaza para un auténtico progreso científico”

“La gente tiene confianza en ustedes que sirven a la vida, tiene confianza en su compromiso y apoyo a quienes necesitan consuelo y esperanza”
VATICANO, ACI.- En el marco de la XVIII Asamblea General de la Pontificia Academia para la Vida. S. S. Benedicto XVI
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La relación entre la Fe y Matrimonio
Don incomparable de Dios.

La fe es un don precioso que hay que alimentar en los propios hijos.
Los padres “no son los amigos o los dueños de la vida de sus hijos, sino los custodios de este don incomparable de Dios”. Lo indicó el Papa durante el Ángelus, al recordar a la familia de Jesús. Benedicto XVI invitó a “que el amor, la fidelidad y la dedición de María y José sirvan de ejemplo para todos los esposos cristianos”. En la familia de Jesús, añadió, hay un “misterio lleno de fe y de humanidad”, al que podemos entrar siguiendo el ejemplo de María y José.

“La preocupación de María y José por Jesús, es la misma de cada padre que educa a un hijo, lo introduce a la vida y a la comprensión de la realidad”. Después de haber invitado a una “necesaria y especial oración al Señor por todas las familias del mundo”, el Pontífice expresó su deseo de que “los padres se preocupen seriamente por el crecimiento y la educación de los propios hijos, para que maduren como hombres responsables y ciudadanos honestos, sin jamás olvidar que la fe es un don precioso que hay que alimentar en los propios hijos también con el ejemplo personal”

“Al mismo tiempo -prosiguió-, oremos para que cada niño sea acogido como don de Dios, sea sostenido por el amor del padre y de la madre, para poder crecer como el Señor Jesús «en sabiduría, edad y gracia ante Dios y los hombres» Lc 2,52

“El silencio de José -concluyó el Papa-, hombre justo, Mt 1,19, y el ejemplo de María, que guardaba todo en su corazón, Lc 2,51, nos hagan entrar en el misterio lleno de fe y de humanidad de la Santa Familia. Deseo a todas las familias cristianas vivir en presencia de Dios con el mismo amor y con el mismo gozo de la familia de Jesús, María y José”.

Discurso del Papa Emérito Benedicto XVI, al tribunal de la Rota Fuente. vaticaninsider.lastampa.it
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